La mayor contaminación: la contaminación del odio

odio

 

La mayor contaminación imaginable en este planeta -o en otro cualquiera- es aquella que afecte a lo más fundamental del ser humano, la que más afecte al ser esencial humano, y, por tanto, la que mayor daño puede hacer.

Pensemos libremente fuera de toda doctrina o adiestramiento educativo y cultural: ¿Qué es lo más esencial que une al ser humano?  Lógicamente,  aquello que lo une a nivel más profundo, puesto que es el lazo que será más dificil disolver. ¿Y qué será más profundo en el ser humano? La historia lo confirma.

Sólo existe una fuerza que haya saltado por encima de fanatismos, ideologías, filosofías, religiones, razas y demás adoctrinamientos del cerebro humano; me refiero al amor.  No al amor sentimentaloide ni al amor interesado, sino al amor impersonal universal. Al que busca el mayor bien para todos y en todas las circunstancias, de la mejor manera posible.

Pensemos, en consecuencia, que no existe mayor polución que el odio ni nada más disolvente, puesto que es lo contrario de este amor universal impersonal.

Pueden existir y existen muchos males políticos nacionales e internacionales; males sociales, ideológicos, religiosos y, razonando, pueden ser vistos y no pueden negarse y se debe luchar contra ellos, pero no existe mayor mal que el odio.

Por mi parte, a causa de esta convicción, me mantengo lejos de todo adoctrinamiento -por muy bueno que parezca- que conduzca a corto plazo o a largo plazo al odio.

Doctrinas aparentemente buenas, pero fundamentalistas y radicales, como diversas doctrinas filósoficas que desembocaron luego en ideologias y en doctrinas políticas, dieron más tarde su fruto del odio y produjeron luego millones de muertos.

Estemos con los ojos de la libertad del corazón y de la inteligencia bien abiertos pues no existe nada peor que el odio.

Si alguna reflexión o doctrina propone o roza el odio es falsa con toda seguridad.

2 comentarios en “La mayor contaminación: la contaminación del odio

  1. Cuando somos pequeños pueden darnos la mano y orientarnos,
    pero cuando crecemos debemos intentar ser érídicos y libres,
    para encontrar nuestra própia verdad en soledad y con lo demás.

    Un abrazo.

  2. En verdad que así es, Olga. En el fondo, y aunque debemos con humildad procurar aprender de todo y de todos, estamos solos ante el trabajo de discernir la verdad que nos hará libres y que ayudaremos a transmitir a los demás.

    Un abrazo.

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