De la posibilidad del cambio

En todos nosotros -al menos en la inmensa mayoría- permanece más o menos vivo un deseo de que el mundo cambie, de que sea mejor, de que sea más justo; un mundo donde se pueda vivir más libre y felizmente y realizarnos en nuestras aspiraciones más profundas, sin olvidar los necesarios bienes exteriores que faciliten esta realización total de la persona.

Sin embargo, en cuanto comenzamos a hurgar e interesarnos un poco en la historia de la humanidad en todas sus diferentes especializaciones y aún mejor si es una historia rigurosa -a la vez de crítica y ajena a intereses políticos, económicos, nacionalistas, etc- comenzamos a darnos cuenta que por mucho que retrocedamos en los siglos y aún milenios, la historia es una historia de la criminalidad, es una historia llena de horrores donde los acontecimientos buenos, que los hay, forman pequeñas islas y, aún a veces, se han dado mecánicamente o en virtud de ciertos intereses que luego pasan factura a esos aparentes acontecimientos buenos registrados por la historia.

Esto demuestra -como así ha sido a lo largo de milenios- que lo que es el mundo en tanto que sistema material, cultural, político y, por desgracia, también en lo moral, en lo esotérico y en lo religioso, no sale nunca de la opresión, la miseria y la desgracia de los más débiles. Demuestra que este mundo en cuanto tal no parece ser un mundo “salvable”; lo salvable son las personas si se ponen a la tarea de la liberación total de espíritu-alma-cuerpo.

Ojalá fuese de otro modo… y sin embargo hay que hacer lo que está en nuestra mano para ayudar a todos, por mantener la benevolencia al máximo de nuestro poder hacer y querer.

Cada día veo con mayor claridad que no es posible ningún tipo de cambio si no empezamos por un cambio radical de nosotros mismos sin sombra de egocentricidad.

Sólo una perfecta unidad de espíritu, alma y cuerpo, una unión perfecta en el amor de Dios y de los demás, puede conseguir este objetivo.

¿Nos hemos planteado si esto es posible y, si lo es, donde se encuentra la sabiduría y la fuerza para conseguirlo?

 

7 comentarios en “De la posibilidad del cambio

  1. Muy interesante el tema que expones, amigo Juan.

    Todos deseamos que cambie el mundo pero… ¿qué hacemos cada uno por nuestra parte? creo que donde hay que empezar el cambio es por uno mismo, porque todo puede ser posible empezando desde uno mismo no esperando que empiecen los demás.

    Un beso.

  2. Gracias, María.

    En efecto; ese es el gran olvido, que todos nos fijamos en los demás y no empezamos por fijarnos en nosotros mismos para ponernos a cambiar en serio, desde lo más profundo, pues si no el cambio será para poco tiempo y superficial.

    Un fuerte abrazo.

  3. Es así como dices Juan. Es la inercia colectiva lo que hace que el mundo sea lo que es. Solo a partir de pequeños cambios que en un principio puedan pasar desapercibidos, empezará a frenarse esa inercia y por imitación de lo que empiecen a hacer unos pocos cambiarán unos muchos.

    Gracias por el artículo

  4. Claro…
    si no renunciamos a los egocentrismos mundanos siempre tendremos la puerta del alma cerrada, y ello será alimento que enverenará nuestro Templo.
    Seamos dignos en Conciéncia y salvemonos para ofrecer nuestra Verdadera Luz al mundo.

    Un abrazo.

  5. Gracias, Olga.

    Los egocentrismos, en efecto, envenenan el Templo que intentamos construir de espíritu, de Luz.

    Un fuerte abrazo.

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