El buscador y el Camino

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El que busca de verdad termina encontrando el camino: Buscad y encontraréis, pedid y se os dará, llamad y se os abrirá, dicen los evangelios. El buscador auténtico está en aprendizaje y desarrollo interno continuo. No puede evitarlo porque el núcleo divino que posee, aunque esté bastante ahogado por el egocentrismo, no para de inquietarle.

El corazón no le deja tranquilo hasta que encuentra la verdad y el camino para llegar al reino divino. Perseguid el Reino y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura, dicen los evangelios. Cuando estamos llegando al foco del espíritu sabemos cómo solucionar o no solucionar, cómo “actuar sin acción” en palabras del Tao Te King y, aunque los problemas permanezcan, tenemos la paz y la fuerza interior para sobrellevarlos con perfecto equilibrio.

Es un cambio de enfoque, de acento, de «hacia dónde miramos» como decía Platón, pero para nada difícil o complicado: El sabio ha de girar su alma hacia el mundo Divino o Mundo de las Ideas.  El problema es que todo se confabula desde que somos pequeños para desviarnos del auténtico camino que es realmente simple, tal como dicen Lao Tse, Buda, Jesús, Krisna, Hermes …  todos los grandes. Lo cual no quiere decir que no necesite esfuerzo constante y armonía total.

El problema para encontrar lo que Jesús llamaba el reino de los cielos o Buda el nirvana o Lao Tse, Tao es, al principio, difícil de comprender tal como nos han educado.  Aunque algunas personas que han sufrido mucho lo entienden sin esfuerzo porque han comprendido lo que este mundo encierra de engaño. Una vez que se adquiere este discernimiento sobre lo que es el reino de Dios y lo que es el reino de este mundo, tal como decía Jesús («Mi reino no es de este mundo»; «La carne y la sangre no pueden heredar el reino de los cielos») , el camino es absolutamente simple y empieza con la purificación del corazón respecto de odios o afectos (apegos). Es necesario ser neutral y al mismo tiempo realizar todos nuestros deberes: estar en el mundo sin ser del mundo.

De este modo se adquiere un equilibrio perfecto. Pues esto lleva luego a que la mente se vaya iluminando en esta nueva luz del corazón purificado y esto se comunique a todo nuestro ser. Es necesario, en suma, unificar mente y corazón en una nueva energía de una sutileza y potencial vibratoria desconocidas para lo que es la mente y las emociones corrientes.

En la sabiduría hermética se dice con absoluta claridad que el bien absoluto, solamente está en Dios; en el Único Bien, como se le llama ahí. En la vida, existen reflejos de ese Bien Único que Dios irradia.

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