Archivos mensuales: julio 2016

Las cuatro verdades fundamentales de la sabiduría eterna

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Los postulados podrían ser enumerados de la siguiente manera, por orden de importancia:

I. El primer postulado es que existe en nuestro universo ma­nifestado la expresión de una Energía o Vida, causa responsable de las diversas formas y de la vasta jerarquía de seres sensibles que componen la totalidad de cuanto existe. Ésta es la denomina­da teoría hilozoísta, aunque el término sólo sirve para confundir. Esta gran Vida es la base del Monismo, y todos los hombres ilu­minados son monistas. “Dios es uno”, es la expresión de la ver­dad. Una sola vida impregna todas las formas y éstas son las expresiones en tiempo y espacio, de la energía universal central. La Vida en manifestación produce existencia y ser, por lo tanto es la causa raíz de la dualidad. Esta dualidad, que se percibe cuan­do está presente la objetividad, y desaparece cuando el aspecto forma se desvanece, tiene muchos nombres, de los cuales y para mayor claridad podríamos enumerar los más comunes:

Espíritu Materia

Vida…………………………………………………………………………Forma

Padre ………………………………………………………………………Madre

Positivo …………………………………………………………………..Negativo

Oscuridad ………………………………………………………………..Luz

Los estudiantes deben mantener en la mente esta unidad esencial, aún cuando hablen (como deberán hablar) en términos finitos de esa dualidad, que cíclicamente se evidencia en to­das partes.

II. El segundo postulado surge del primero, y afirma que la Vida Una, que se manifiesta a través de la materia, produce un tercer factor que es la conciencia. Esta conciencia, resultado de la unión de los dos polos, espíritu y materia, constituye el alma de todas las cosas; compenetra toda sustancia o energía objetiva; subyace en todas las formas, ya sea la de esa unidad de energía que llamamos átomo o la de un hombre, un planeta o un sistema solar. Ésta es La Teoría de Autodeterminación, o la enseñanza de que todas las vidas, de las cuales está formada la vida una, cada una en su esfera y modo de ser, se embeben en la materia, por así decirlo, y asumen formas por cuyo intermedio su peculiar y específico estado de conciencia puede ser comprendido y su vi­bración estabilizada; así pueden conocerse a sí mismas como exis­tencias. Nuevamente la vida una se convierte entonces en una entidad estabilizada y consciente mediante el sistema solar, sien­do por lo tanto esencialmente la suma total de energías de todos los estados de conciencia y de todas las formas de existencia. Lo homogéneo se vuelve heterogéneo, y sin embargo permanece sien­do una unidad; el uno se manifiesta en diversidad, y no obstante, es inmutable; la unidad central es conocida en tiempo y espacio, como compuesta y diferenciada, y sin embargo cuando no existan tiempo y espacio (pues no son más que estados de conciencia) sólo permanecerá la unidad y únicamente persistirá el espíritu, ade­más de una acrecentada acción vibratoria y la capacidad para in­tensificar la luz cuando retorne el ciclo de manifestación.

Dentro de la pulsación vibratoria de la Vida una en manifes­tación, todas las vidas inferiores repiten el proceso de ser ‑Dio­ses, ángeles, hombres y miríadas de vidas que se expresan median­te las formas de los reinos de la naturaleza y las actividades del proceso evolutivo. Todo llega a ser autocentrado y autodeter­minado.

III. El tercer postulado fundamental es que el desenvolvimiento de la conciencia o la revelación del alma, constituye el objetivo por el cual la vida adquiere forma y también el propósito por el cual se manifiesta el ser. Esto puede ser denominado La Teoría de la Evolución de la Luz. Si se tiene en cuenta que el científico moderno sostiene que la luz y la materia son términos sinónimos, haciéndose eco de las enseñanzas de Oriente, es evi­dente que mediante la interacción de los polos y la fricción de los pares de opuestos, surge la luz. La meta de la evolución consiste en una serie graduada de manifestaciones de luz. Velada y ocul­ta en todas las formas se halla la luz. A medida que la evolución avanza, la materia se convierte en un buen conductor de luz, de­mostrando así la exactitud de la afirmación de Cristo, “Yo Soy la Luz del Mundo”.

IV. El cuarto postulado sostiene que todas las vidas se ma­nifiestan cíclicamente. Ésta es La Teoría del Renacimiento ode la reencarnación, demostración de la ley de periodicidad.

Tales son las grandes verdades subyacentes que constituyen la base de la Sabiduría Eterna ‑o la existencia de la vida y el desarrollo de la conciencia, mediante la cíclica adquisición de la forma.

(Tratado sobre Magia Blanca, Alice A. Bailey, Maestro El Tibetano, pp. 25-27).