Para recorrer el Camino: deponer el yo.

espiritualidad

La mayoría de sistemas de liberación o salvación, están circunscritos dentro de la personalidad. Dan vueltas intelectuales alrededor del mismo punto: el yo.

El yo que tiene una sabiduría ladina, instintiva, de animal cultural de milenios y milenios de duración, no quiere morir, quiere fortalecerse y regir sobre todo el Hombre.

El Hombre espiritual -no el animal intelectual que cree saberlo todo y quiere poner todo alrededor de su egoísmo y sus cortas miras-, no termina de activarse. La Mónada o chispa divina en nosotros -el Hombre espiritual-, es de tal altura y sublimidad que se desinteresa de nuestra vida personal cuando es egocéntrica.

Únicamente con la rendición del yo y el abandono de todo su egocentrismo, con su puesta al servicio del Hombre Original o espiritual que ha de nacer en el corazón y en la mente, nuestra auténtica esencia comenzará a crecer. Juan Bautista como figura del yo buscador sincero expresa que él debe morir para que Jesús crezca.

El buscador sincero que busca incansablemente, al fin ha de encontrar la paz del hogar luminoso del Reino Original. “el Reino de Dios dentro de vosotros está”. Más cerca de nosotros que nuestros pies y manos y no nos damos cuenta. Se encuentra en el centro del corazón.

4 thoughts on “Para recorrer el Camino: deponer el yo.

  1. Hola, Juan, hacía tiempo que tenía mi blog paralizado, y ahora intento ponerme al día con vosotros, no sabía que habías cambiado de dirección sino es por Olga que me lo ha preguntado, y al ir a ver tu otro blog es cuando he visto el cambio y ahora intento ponerlo de seguidor pero no puedo, aunque sí lo he agregado en mi lista de blogs. Me encanta el nuevo diseño, y haber vuelto otra vez a leer tus enseñanzas.

    Un beso.

    1. Hola, María. Encantado de verte por aquí.
      Olga es una gran persona y te ha avisado. De todos modos, en su momento os mandé aviso a todos los que me comentabais de la nueva dirección. Se te pasaría en aquel momento.
      Gracias por el comentario, María.

      Un abrazo.

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