Séneca y Nerón como símbolos del alma

Séneca y Nerón podrían verse como símbolos del alma.

Por una parte, Séneca es el símbolo del trabajo de purificación de la personalidad para que colabore al nacimiento del alma nueva. Es el alma espiritual que ha comenzado a nacer.

Séneca fué un gran estoico. El Estoicismo intenta alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales, cultiva los principios de la razón y de la virtud, considera la razón de los hombres como parte integrante del logos divino e inmortal y proclama que cada persona es un miembro de la familia universal.

Por otra parte, Nerón es el representante o símbolo de la extravagancia y el terror. Es el símbolo del alma biológica en su máxima expresión.

Se hizo adular como músico, deportista, poeta. Por medio de regalos quiso ganarse la aceptación del pueblo y dichos regalos destruyeron la economía del imperio.

Entre sus obras están el asesinato de Agripina, su madre, también el asesinato de su primera esposa, Octavia, el supuesto incendio de Roma. (La causa exacta nunca se determinó, pero se cree que fue el mismo Nerón quien comenzó el incendio para habilitar un terreno para su nuevo palacio), la tortura a los primeros cristianos y las orgías más inconfesables. Es decir, el ego en su máxima expresión al servicio de su propio engrandecimiento a costa de quien sea y de lo que sea.

Quien ha dominado su ego y lo pone al servicio del alma, además, no teme a la muerte que, finalmente, le infligió el que había sido su alumno cuando niño, Nerón.

¿Cree en Dios Krishnamurti?

Cuando se lee por primera vez a Krishnamurti, nos quedamos algo confusos respecto a la cuestión de si el autor cree o no en Dios. Para intentar aclarar esto un poco diremos primeramente que lo que aparece a la mente cuando en ella se representa el significado de una palabra es un sonido, una imagen asociada en la memoria a algún tipo de información. No aparece el ser la cosa a que se refiere esa palabra. La mente capta ese significado el cual está ligado o condicionado por todo aquello que a lo largo del tiempo hemos experimentado y unido a esa palabra. Pero la mente permanece ajena al ser a que se refiere la palabra. El ser no está ahí. En la cabeza sólo hay un sonido y una imagen a lo sumo.

Dice Krishnamurti: «¿qué es la realidad, qué es Dios? Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente debe estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente debe estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios. ¿Qué sabéis acerca de Dios o de la verdad? Vosotros, de hecho, nada sabéis acerca de esa realidad. Todo lo que conocéis son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias propias más bien vagas. Eso, por cierto, no es Dios, no es la realidad; «

Es decir, la palabra «Dios» no es Dios, al igual que la palabra «casa» no es la casa. Tampoco la idea de dios es Dios, como la idea de «casa» no es la casa. La idea de Dios es sólo una forma mental, nunca la realidad Infinita, el Ser originario de todas las cosas, el Ser omnipresente, omniabarcante.

«Para conocer aquello que está más allá del tiempo, – sigue diciendo Krishnamurti- el proceso del tiempo debe ser comprendido; y el tiempo es pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Eso es todo el trasfondo de la mente; la mente misma es el trasfondo, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual. La mente, pues, debe estar libre de lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar en completo silencio, no forzada al silencio. La mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa.”

Esto supone que sin pensamiento, sin memoria, no puede haber un antes ni un después. Sencillamente porque no podemos reconocer aquello que llega a los sentidos, no podemos compararlo con algo experimentado antes. Por tanto no hay antes ni después, ni siquiera hay reconocimiento: Veo, pero sin memoria no sé lo que veo. El tiempo es enmarcar en algo anterior, ya conocido, comparar con otras cosas que recuerdo haber visto antes.

Sigue diciéndonos Krishnamurti: “Puede que durante un lapso consigáis forzar la mente a estar superficialmente en silencio, pero una mente así no es una mente serena. La serenidad sólo ocurre cuando comprendéis el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender el proceso es darle fin, y al cesar el proceso del pensamiento empieza el silencio. Sólo cuando la mente está en completo silencio, no únicamente en el nivel superior sino fundamentalmente, en su totalidad, tanto en el nivel superficial como en los más profundos de la conciencia, tan sólo entonces puede advenir lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente haya de experimentar; el silencio solamente puede ser experimentado, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Por lo tanto Dios, o la verdad, o lo que os plazca, es algo que adviene de instante en instante; y ello ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando la mente está disciplinada de acuerdo con una norma. Dios no es cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo; sólo adviene cuando hay virtud, es decir, libertad. La virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, y el enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún movimiento de ella misma, sin la proyección del pensamiento, consciente o inconsciente, sólo entonces adviene lo eterno.»


Krishnamurti; La Libertad Primera y Última, Preguntas y Respuestas, 16, La Creencia en Dios.

Meditación

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La mente es el fruto del deseo. El deseo, que es lo fundamental en la naturaleza humana, nace en nosotros causado por un objeto o una meta apetecible. Este objeto mueve el pensamiento y el pensamiento mueve la voluntad. Con todo ello nuestra energía se fragmenta, es decir, se retira de la percepción de la realidad como fluir pleno de la vida y se concentra en el esfuerzo del yo en pos del deseo: el éxito en una empresa, la felicidad bajo capa de liberación, el reconocimiento social o bien la unión con una imagen de dios como idea preconcebida, no con el Dios vivo.

Lo Otro, que trasciende nuestros limitados deseos y pensamientos, no se deja atrapar por redes conceptuales ni por intentos de satisfacciones sentimentales del ego.

Introducimos en estas prácticas el tiempo, el esfuerzo condicionado y el olvido de nuesro Centro real. Introducimos el perseguir algo llevados por la memoria y el condicionamiento cultural y social.

La red que forma el núcleo del «más acá» del ser, del «más acá» de lo Innombrable, sigue condicionándonos como resultado cultural del tiempo y nublando la percepción de Aquello que aparece sin esfuerzo cuando el yo se retira.

Por milenios hemos pretendido liberarnos del yo, del sufrimiento, usando el yo. Es como ponerse de pie sobre una tabla, agarrarla por los dos extremeños y pretender levantarse a sí mismo. Intentar superar el yo desde el yo sólo consigue reforzarlo aumentando la confusión, el desorden, el sufrimiento nuestro y de los demás.

Escuchemos a Krishnamurti. Escuchemos sin interponer imagenes previas, sin barreras.

«Una mente en conflicto, un cerebro que se esfuerza, no puede meditar. Podemos sentarnos por 20 minutos todos los días, pero si el cerebro está en conflicto, si hay pena, ansiedad, dolor, aislamiento interno, ¿qué valor tiene nuestra meditación? Vamos a investigar qué es la meditación, no cómo hay que meditar. Ustedes han pedido que se les diga cómo tienen que meditar, lo cual implica darles un sistema, un método, una práctica.»

«[…] ¿Qué es la meditación? ¿Qué significa esa palabra?»

«[…] Meditación también quiere decir “medida”, “medir”. Nosotros estamos siempre midiendo, o sea, comparando yo soy esto, seré aquello, seré mejor- lo cual es una forma de medida. La palabra ‘mejor’ implica medida. Compararse uno mismo con otro es medir. Cuando uno le dice a su hijo o a alguien que tiene que ser como su hermano mayor, eso es medida.»

«[…] Ahora bien; vivir sin la medida, estar total, completamente libre de toda medida, forma parte de la meditación. No que “estoy practicando esto, y lograré algo de aquí a un año”. Eso implica medida, que es la naturaleza misma de nuestra actividad egotista.»

«[…] Con la meditación cesa la medida, termina completamente la comparación. Vean lo que ello implica que no hay huellas psicológicas. ‘Mañana’ es la medida de lo que está en el tiempo. ¿Comprenden esto? Por lo tanto, la medida, la comparación y la acción de la voluntad deben cesar completamente.»

«[…] ¿Qué es la voluntad? Yo meditaré, me sentaré muy quieto, me controlaré a mí mismo, limitaré mis pensamientos y practicaré todo eso es la acción del deseo, que es la esencia de la voluntad. En la meditación no existe actividad alguna de la voluntad. ¿Comprenden la belleza de todo esto? Cuando no hay medida, ni comparación, ni deseo de realizarse o de llegar a ser, existe el silencio de la negación del ‘yo’. En la meditación está ausente el ‘yo’. Por lo tanto, una mente, un cerebro que está entregado a la meditación, es total. La totalidad de la vida es meditación no un periodo de meditación cuando uno está meditando. La meditación es el movimiento total del vivir. Pero nosotros hemos separado la meditación como algo aparte de nuestra vida; es una forma de relajación, como tomar una droga.»

«[…] mientras que en la meditación, cuando no existe el medir, cuando no hay acción de la voluntad y de la mente, el cerebro está por completo libre de todos los sistemas. Entonces hay un gran sentido de libertad. En esa libertad hay orden absoluto, y eso es lo que debemos tener en la vida. Entonces, en ese estado de la mente, hay silencio, no el anhelo, el deseo de tener una mente quieta. En ese estado, la mente está libre de medida. Y es en esa libertad que hay orden absoluto, silencio.»

Krishnamurti,  La mente que no mide.

Evolución biológica o evolución consciente

consciencia cosmica

A raiz de la siguiente noticia,

http://m.eldiario.es/theguardian/ministro-educacion-india-teoria-evolucion_0_732477071.html#click=https://t.co/s6pGNEQFpz

quisiera compartir con vosotros algunas reflexiones:

Con base en la Sabiduría Universal, confrontando Escuelas como el Cuarto Camino de Gurdjief y Ouspensky, la Teosofia de Blavatsky o el conocimiento hermético, el sufismo, el zen, el taoismo, etc. debemos fijar nuestra atención  en esta frase del artículo:

«Hay pruebas abundantes e innegables del hecho de que los humanos y otros grandes simios y monos tuvieron un ancestro común».

Es decir, de un troco común, un primate evolucionado, surgieron dos ramas, una que fracasó y dio origen a los monos o primates, rama que degeneró y permanece tal y como la podemos observar hoy día.

Otra rama, la de las diversas razas humanas de la actualidad, tuvo éxito y  no paró de desarrollar una conciencia de su entorno y se sí misma, una conciencia muy limitada; no hablamos de la auto-consciencia o consciencia cósmica total.  Esta es la consciencia, desde el punto de vista de la Liberación, iluminación, Nirvana, etc. La Consciencia Objetiva (consciencia cósmica de sí mismos y del Universo) que es la que debemos cultivar con esfuerzo.

De esta manera concluimos que,  de todos modos, habría que esperar cientos de miles de años quizás si queremos alcanzar mediante la evolución biologico-social la autoconciencia total o liberación consciente.

Por tanto, la iluminación o felicidad consciente última y el no tener que reencarnar más para adquirir experiencias – consciencia, hay que lograrla mediante un conocimiento dado en una Escuela proveniente de seres conscientes y, al practicar ese conocimiento mediante esfuerzo consciente en la vida, llegar a la iluminación o sabiduria-amor conciente y consciente.

 

 

El Zen

Ensayos sobre Budismo Zen. Daizet Teatro Suzuqui. INTRODUCCIÓN.

El Zen, en su esencia, es el arte de ver dentro de la naturaleza del propio ser, y señala el camino de la esclavitud hacia la libertad. Al hacernos beber directamente en la fuente de la vida, nos libera de todos los yugos que los seres finitos sufrimos comúnmente en este mundo.

Podemos decir que el Zen libera todas las energías apropiada y naturalmente almacenadas en cada uno de nosotros, que, en circunstancias ordinarias, se hallan trabadas y distorsionadas de modo que no encuentran un cauce adecuado para entrar en actividad.

Nuestro cuerpo se parece a una batería eléctrica en la que yace, en forma latente, un poder misterioso. Cuando este poder no se pone convenientemente en funcionamiento, se enmohece y marchita, o se desvía y expresa anormalmente. Por tanto, el objeto del Zen es salvarnos de enloquecer o quedar disminuidos. Esto es lo que quiero decir con libertad, dando libre juego a todos los impulsos creadores y benévolos que inherentemente yacen en nuestros corazones.

Generalmente somos ciegos ante este hecho, vale decir, de que estamos en posesión de todas las facultades necesarias que nos harán felices y amables en sentido recíproco. Todas las pugnas que observamos a nuestro alrededor derivan de esta ignorancia. Por ende, el Zen quiere que abramos un «tercer ojo», como lo llaman los budistas, hacia la región hasta ahora inimaginada, que se nos cierra a través de nuestra propia ignorancia.

Cuando desaparece la nube de la ignorancia, se manifiesta la infinitud de los cielos, donde por primera vez intuimos la naturaleza de nuestro propio ser. Entonces conocemos el significado de la vida, sabemos que no se trata de ciega lucha ni de mero despliegue de fuerzas brutales, y mientras no sepamos, en definitiva, cuál es el significado último de la vida, habrá en ella algo que nos hará sentir infinitamente bendecidos por vivir en ella, contentándonos con ella en toda su evolución, sin plantear cuestiones ni albergar dudas pesimistas.

Mientras estemos llenos de vitalidad sin despertar al conocimiento de la vida, no podremos comprender la seriedad de todos los conflictos implícitos en ella, que por el momento, en apariencia, se hallan en un estado de quietud. Pero tarde o temprano llegará el tiempo en que tengamos que mirar la vida frente a frente y resolver sus enigmas más desconcertantes y acuciantes.

Dice Confucio: «A los quince años mi mente estaba orientada hacia el estudio, y a los treinta supe dónde estar.» Este es uno de los más sapientes juicios del sabio chino. Todos los psicólogos estarán de acuerdo con esta afirmación suya; pues, hablando en general, los quince años constituyen aproximadamente la edad en la que el adolescente empieza a mirar en derredor con gravedad y a indagar el significado de la vida. Para entonces todos los poderes espirituales seguramente ocultos en la parte subconsciente de la mente eclosionan casi simultáneamente. Y cuando esta eclosión es demasiado precipitada y violenta, la mente puede perder su equilibrio en forma más o menos permanente; de hecho, son demasiados los casos de postración nerviosa registrados durante la adolescencia, que principalmente se deben a esta pérdida del equilibrio mental. En la mayoría de los casos el efecto no es muy grave y la crisis puede pasar sin dejar hondas huellas. Pero en algunos temperamentos, ya sea a través de tendencias inherentes o por obra de la influencia ambiental sobre su dúctil constitución, el despertar espiritual los conmueve hasta las profundidades mismas de su personalidad. Este es el tiempo en que se reclamará elegir entre el «No Eterno» y el «Sí Eterno». Esta elección es la que Confucio significa con «estudio»; no se trata de estudiar los clásicos, sino de sumirse hondamente en los misterios de la vida.

Normalmente, el inicio de la lucha es el «Sí Eterno», o «Hágase tu voluntad’; pues la vida es, después de todo, una forma de afirmación, por más negativamente que la conciban los pesimistas. Pero no podemos negar el hecho de que en este mundo hay muchas cosas que volcarán nuestras mentes demasiado sensitivas en otra dirección [ … ].

ENSAYOS SOBRE BUDISMO ZEN.
DAISETZ TEITARO SUZUKI
Doctor en Literatura
Ex Profesor de Filosofía Budista en la Universidad
Otani. Kyoto.

 

Existencialismo y Gnosis

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Sartre parte de un supuesto ateo y, en consecuencia, afirma que, si no Hay Dios, nadie nos ha creado y que, en ese caso, no tenemos una esencia concreta. Por tanto, el hombre sería existencia que se hace a sí misma sin nada que lo determine en ninguna dirección.

En filosofía la esencia es lo que define nuestra naturaleza, lo que somos, lo que se desarrollará y nos hará convertirnos en algo concreto. La esencia es lo que Dios, al idearnos, nos habría dado como naturaleza.

Habría que comenzar diciendo que, si nadie nos ha creado, somos eternos, lo cual necesitaría amplios volúmenes de explicación para terminar no explicando nada. Ya decían los presocráticos que, de la nada nada sale. Ha de existir, por tanto, un principio eterno anterior a todo -llámese como se quiera llamarle-, de donde ha salido todo lo demás que vemos que no tiene existencia eterna sino que nace, crece y luego termina o muere.

Evidentemente, por otra parte, tenemos esencia y naturaleza, lo que ocurre es que en el caso del ser humano es algo flexible ya que tenemos un periodo de crecimiento y maduración muy amplio, no como los animales, y una inteligencia para adaptarnos a la supervivencia que nos hace ser diferentes unos de otros: Un gato hace casi calcado lo que hace otro, por ejemplo. Una planta será lo que viene definido en su semilla, etc.

El hombre -aunque su inteligencia está en germen y poco desarrollado su cuerpo mental-, tiene margen para crear cultura y ser un animal burdo o educado, trabajador o vago, virtuoso o vicioso, culto o inculto, etc. Pero es una inteligencia biológica y al servicio de su biología, la cual es una biología, como todas, de supervivencia como tal hombre limitado y sufriente, con un poco de lo que se quiere llamar espiritual o del alma y que no es más que un débil resplandor de lo que debería ser el hombre original.

Por otra parte, toda filosofía académica está dentro del cultivo de ese yo intelectual. Te puede llevar, en el mejor de los casos, a dar vueltas en el límite de un saber sobre lo que es el hombre imperfecto, ahora, después de milenios de falsa cultura y falso espíritu en general.

No nos damos cuenta que, con la cultura, con la ciencia, con el academicismo, con el esoterismo intelectual, con el misticismo religioso podemos fortalecer enormemente el yo intelectual y seguir siendo el mismo que eramos, un yo sin liberar en realidad que a las primeras frustaciones de la vida se revuelve rabioso o se hunde en la depresión. La auténtica sabiduría o gnosis es un saber sobre la liberación: Qué es el hombre, de dónde venimos y hacia dónde vamos y, además, no es conocerlo sólo, sino que es un proceso de realización y unificación de todo el ser tripartito (espíritu, alma y cuerpo) muy arduo

El problema es que nos encontramos con una estructura mental, emocional, etérica y física-material muy alejada de la gloria vibratoria y del conocimiento omnisciente que tenía el hombre original pensado y creado por Dios. En verdad, como yo digo, ni siquiera yo, si fuese Dios, me hubiese atrevido a hacer algo tan imperfecto y que sufre tanto. Por tanto, lo que Dios creó originalmente ha degenerado a lo largo de eones.

De este modo, todo lo que se filosofe sobre lo que el hombre es, ahora, sólo va a describir una estructura degenerada y pobre que da origen, en realidad, a lástima. Sólo hay que ver los frutos que producimos para darse cuenta del árbol que somos. Un pobre árbol, sombra del árbol pleno de vida que fue, que no sabe dónde va y que cada vez complica más la ya grave situación del mundo.

 

co-movimiento y contra-movimiento

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«Siete rayos, provenientes del Reino Inmutable, actúan sobre la naturaleza original, siete fuerzas que emanan del campo del espíritu universal, que a su vez emana de Dios. Todas ellas son de naturaleza séptuple. Estos siete veces siete rayos se determinan unos a otros, representan la vida absoluta, el amor absoluto, la inteligencia absoluta, la armonía absoluta, la sabiduría absoluta, la devoción absoluta y el acto liberador absoluto. Es fácil sacar la conclusión de que los siete rayos se determinan unos a otros y que cada uno contiene los otros seis, si se comprende que un acto verdaderamente liberador debe contener la vida, el amor, la inteligencia, la armonía, la sabiduría y la devoción.

Cuando estos siete rayos, que emanan de lo inmutable, de lo inalterable, de lo inviolable, penetran en la naturaleza original, la Madre universal, Isis, engendran un movimiento, una actividad. Siempre se trata del mismo movimiento; la naturaleza original da testimonio por sus obras de lo que está contenido en la divinidad. Emanando de lo incognoscible, los siete rayos, por su actividad y por lo que la naturaleza original manifiesta, muestran la intención divina en la naturaleza original. Lo divino es pues transmitido y manifestado en el espacio de la naturaleza por este único movimiento, el co-movimiento.

Y si pensamos que todo lo que se manifiesta emana de los siete rayos divinos que se determinan unos a otros, sabremos por deducción lógica que todo lo creado debe llevar la imagen, la esencia, el núcleo de lo divino, que todo lo que es creado encierra una intención divina, pero esta intención divina sólo es realizable por el co-movimiento.»

(La gnosis egipcia original, tomo II, páginas 125-126).

Cuando seguimos la luz y energía de estos rayos divinos presentes en nuestro corazón y cabeza y estos dos centros se unen desde la humildad y el amor a la liberación fundamental de la humanidad, estamos en el co-movimiento.

Cuando nos empeñamos en el egoísmo, en una vida contra este movimiento divino del cosmos, estamos en el contra-movimiento.

Esto inicia la resistencia de las fuerzas divinas de la naturaleza  original que terminan destruyendo, quemando nuestras fuerzas esenciales de comprensión y amor. Terminan arruinando nuestra obra y a nosotros mismos si nos empecinamos en este contra-movimiento contra la naturaleza original.

La Kabbalah como sabiduría original

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La Kabbalah es uno de los restos fidedignos que quedan de la sabiduría original entre tanto esoterismo adulterado que no conduce ya a la patria original celeste. No obstante, cada cosa cumple su función y compete al buscador degustar y juzgar, discerniendo lo mejor de entre lo que a barullo parece lo mismo.

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Fragmentos de gnosis 1

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«Sin embargo, nosotros no debemos comprender que aquello que rodea el universo es un espacio sin más. En nuestro sistema de vida, distinguimos espacio y cuerpos, pero esta innumerable diversidad de todo lo creado está rodeada por algo que ya no puede ser designado como espacio, sino únicamente como fuerza. […] Esta fuerza que todo lo abarca es Dios. Esta fuerza divina es lo inmutable, lo incognoscible , lo intangible y también lo incomprensible». (Gnosis Egipcia Original, tomo 2, página 120 y 121).

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¿Qué significa el Mito de la Caverna?

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¿De qué trata en realidad el Mito de la Caverna? ¿Qué pretendía decir Platón en el Libro VII de su obra República?

El mito de la caverna (República, VII)

“I – Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.

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