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La fuente inagotable interna

el camino

Toda la meditación pasó como si no hubiera contado el tiempo…˜ Totalmente ensimismado en la sensación de este vino…˜ más dulce que miel dulce…˜ más embriagador que alcohol puro…˜ y a la vez más sobrio que un amanecer después de bien dormido…˜ Yo me decía a mí mismo…˜ «¿no era yo un necio redomado?…˜ Yo buscaba la bodega…˜ y la bodega estaba aquí…˜ totalmente a disposición siempre…˜ Y no sólo la bodega…˜ sino también la uva…˜ el mosto…˜ y el vino cumplido…˜ Si esta saboreación aumenta de intensidad…˜ esto se pondrá a hablar»…˜ Entonces recordé las palabras del Sabio…˜ «No consienta en malabarismos intelectuales»…˜ La verdadera sabiduría brota de la saboreación del néctar de los pies del Señor en la taberna del corazón…˜ La verdadera sabiduría no es una argumentación…˜ la verdadera sabiduría es la saboreación del néctar mismo…˜ cuando debido a su intensidad…˜ sube…˜ y llena…˜ y rebosa…˜ y desborda…˜ y derrama…˜ poniendo en palabras lo que no es palabras…˜ lo mismo que cuando uno exclama «amor mío» debido a la intensidad misma de gozo de la unión amorosa…˜ La verdadera sabiduría…˜ ella tiene que expresarse a sí misma desde el foco extático de la saboreación de ese néctar en el vaso del corazón…˜ Toda argumentación es estéril…˜ Ella es un trabajo enorme…˜ El pobre buscador trata de exprimir una uva seca…˜ El ha escuchado las palabras del Sabio…˜ Mientras esas palabras eran escuchadas…˜ como un cable de la luz…˜ esas palabras transmitían algo de la suspiración íntima que ltas estaba pronunciando…˜ Pero una vez libradas a sí mismas y convertidas en un objeto mental en la mente del buscador…˜ eso para lo cual ellas estaban sirviendo de puente…˜ esa suspiración de la cual ellas provenían y de la cual ellas eran expresión…˜ eso se ha quedado en el Sabio…˜ Nadie…˜ absolutamente nadie…˜ puede dar nunca una muestra de eso…˜ Nadie…˜ absolutamente nadie…˜ puede dar a beber una sola gota de eso…˜ Si eso es bebido…˜ si eso es palpablemente sentido…˜ ello está brotando de la propia cosecha de uno…˜ Es responsabilidad total de uno saberlo descubrir…˜ El pobre buscador penará enormemente hasta que su voluntad de meditar…˜ de sacar algo de su trabajo de meditación…˜ sea cambiada en inclinación irresistible a entrar a saco en su propia taberna…˜ a anegarse y desaparecer completamente en el lagar insospechado que le aguarda dentro de sí mismo…˜ Yo conozco bien este trabajo…˜ Y el Sabio lo conoce también…˜ Por ello él dice esas palabras…˜ «Si usted se siente tentado a usar mis palabras…˜ realice primero eso de donde ellas están brotando…˜ Si ello no es así…˜ ellas le harán más mal que bien»…˜
Es un alivio enorme sentir palpablemente que la totalidad de cuanto necesito está siempre a mi disposición…˜ Toda búsqueda ha cesado…˜ De cuatro patas en el manantial mismo…˜ yo ya no temo la sequía…˜ Es asombroso cómo ha podido cesar todo sufrimiento…˜ toda avidez…˜ toda sed…˜ Es pasmoso cómo todo ello ha desaparecido sin dejar el menor rastro…˜ La forma individual misma que sufría…˜ que sentía la avidez…˜ que padecía la sed…˜ esa forma individual misma se ha esfumado…˜ Ya no hay búsqueda de alivio…˜ el alivio mismo es mi naturaleza constante…˜
¿Cómo ha podido ocurrir esto?…˜ Ha habido muchas horas de convicción firme fijas en el foco del misterio…˜ sujetas a la fascinación irresistible del enigma…˜ Primero por inclinación…˜ después por inclinación…˜ y por último por inclinación…˜ De no haber habido inclinación…˜ el enigma no habría sido resuelto nunca…˜ y yo hubiera seguido viviendo como un pobre hombre amargado…˜ para morir finalmente como un pobre ser aterrorizado…˜

(Pedro Rodea; Ha Sido Escuchado I. 19)

La liberación en el Mito de la Caverna platónico

El filósofo griego Platón, igual que otros verdaderos sabios e iniciados, intentó transmitir las verdades esenciales y universales de todos los tiempos.El hombre es un ser en constante evolución desde la materia y animalidad -pasando por distintas fases en la formación de la consciencia- hacia el verdadero objetivo, el despertar de la consciencia espiritual.Estos desarrollos de la evolución del cuerpo mental de la humanidad vivieron un episodio trascendental hace aproximadamente 2.600 años en la época de Lao Tse, Buda, Pitágoras y los presocráticos en Grecia, dando lugar al paso desde mundo de las creencias al mundo de las Ideas y de la Razón.Lo singular de toda la obra de Platón es que, aún colaborando en este salto evolutivo de la mente inferior, también nos propone despertar la Mente Superior dirigida, no por la luz del Ego, sino por la luz del Alma, luz que se fundamenta el el Universo Absoluto o Mundo de las Ideas. Esta fuerza despertaría en nosotros el Ser Verdadero y la Razón Divina.Esto se encuentra perfectamente reflejado en el Mito de la Caverna perteneciente a su obra La República.Este mito pone de manifiesto el estado en que se halla nuestra naturaleza en relación al conocimiento de la verdad o a la ignorancia de la misma. Un buscador, una persona inquieta por su vida y por la realidad que le rodea podría realizarse varias preguntas: ¿Qué es la verdad? ¿Existe una verdad independiente de las mentalidades, culturas y las razas? ¿Existe una verdad que pueda unificar los puntos de vista religiosos, filosóficos y científicos enfrentados en la vida? ¿No estamos aferrados a las costumbres, opiniones y creencias dándolos por ciertos sin suficiente estudio y análisis? Platón, en concordancia con la Sabiduría Universal, establece dos niveles fundamentales en el conocimiento, el de la Doxa u opinión y el de la Episteme o Ciencia, dividiendo cada uno de ellos en otros dos. Resultan así cuatro estados diferentes de nuestro entendimiento y de la realidad que percibimos con ellos: Eikasía, Pistis, Dianoia y Noesis. Así, el prisionero en el mito va ascendiendo por ellos a medida que trata de salir de la caverna. Esta caverna representa alegóricamente a cualquier persona que siente inquietud o insatisfacción.La caverna, en clave iniciática, simboliza el estado de nuestro yo con sus múltiples facetas tal como lo experimentamos cuando falta un conocimiento especial que nos ayude a trabajar en pos de un desarrollo consciente. Este yo, la personalidad, es conducida mecánicamente en la vida más bien que conducirse él a sí mismo consciente y libremente. En este sentido, el origen de un trabajo consciente sobre uno mismo, es el darse cuenta de un estado insatisfactorio del yo (las cadenas) para poder comenzar a librarse de ellas. De no ser plenamente conscientes de nosotros mismos ni de la Realidad en sí. El trabajo por la Liberación (el Reino de los cielos, el Nirvana o como quiera lo llamemos) necesita apoyarse en algo más profundo que los saberes que nos llevan a ser personas eficientes, honradas y cumplidoras de sus deberes en la vida, sino que es a partir de aquí donde comienza el Camino, la búsqueda de aquello a lo que aspiraban Manes, Hermes, Buda Jesús y otros.Por otra parte, la verdadera iniciación es auto-iniciación.La libertad y el esfuerzo propios son los que de verdad llevan a conseguir la meta si bien existe siempre un enviado del Reino Original que abre al principio el Camino.Volviendo al mito de la Caverna, vemos que los «prisioneros» sólo puede tener conjeturas de la realidad. Esto es la Eikasia. El prisionero no tiene experiencia directa de ninguna clase sino sólo lo que oye que le cuentan los porteadores y las sombras que ven reflejadas en la pared de la cueva. Es como si alguno quisiera hacer operaciones de cirugía neurológica sólo por lo que alguien le ha explicado sobre ella.Desde el fuego hasta la puerta de la caverna representa simbólicamente la Pistis, es decir, las opiniones de la mente corriente. Son las experiencias directas de las cosas pero aún sin ciencia. En Platón que habla de la Iniciación sólo existe verdadera Ciencia cuando se conoce lo Inmutable, lo eterno, no lo sensible o cambiante que ahora es y luego deja de ser para ser otra cosa.La tarea para alcanzar la liberación, la conciencia de las realidades eternas frente a las realidades cambiantes de la Caverna, consiste en volvernos y caminar hacia fuera de la misma, como plantea el mito, para buscar la luz de la sabiduría en el mundo divino más allá de la cueva, el Mundo de las Ideas, como realidades perfectas y eternas. Sin embargo, al principio, este nuevo saber superior nos deslumbra; es la luz plena a la que no estamos acostumbrados por haber estado en el interior de la caverna. Esa luz superior no puede por menos que cegar en gran parte al sentido interior mantenido en la tiniebla (la Eikasia y la Pistis). Es decir, tener creencias u opiniones. Pero cuando el antiguo prisionero en camino de liberación sale de la cueva al Mundo Inteligible, experimenta el conocimiento del Ser, de lo Universal, de la Esencia, de aquello que no está sometido a las fluctuaciones y cambios de los seres sensibles, pero al principio sólo como imágenes de las Ideas eternas (Platón habla de los saberes lógicos y matemáticos) que corresponden a la razón discursiva o Dianoia. La Noesis, al final del Camino, representa la contemplación directa de las entidades eternas o Ideas Divinas con su idea suprema, la idea de Bien. Por tanto, la mente abstracta, discursiva, la Dianoia, es necesaria para el ascenso a lo Supremo, La Noesis. Aquí el liberado se encuentra ya en el Mundo Original del alma, el mundo de donde originalmente procedía. De la interpretación del mito de la Caverna se deduce que la ignorancia de la verdadera Sabiduría referente a QUIENES SOMOS, DE DÓNDE VENIMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS, nos hace perpetuarnos en ese ámbito de la conciencia que es la tendencia a creer que las realidades sensibles o materiales son la única realidad. Esta actitud de identificación con la vida, el APEGO, (que no es auténtico amor impersonal) estas posturas preconcebidas y cristalizadas del yo individual y colectivo, impiden la entrada en la conciencia de la auténtica sabiduría.  ¡Qué distinta la iluminación después de un tiempo de «ascensión» en la práctica de la sabiduría virtuosa.

La inteligencia nada tiene que ver con el pensamiento

«La inteligencia nada tiene que ver con el pensamiento»

Esta frase de Krishnsmurti trata de resumir lo que todos los grandes, que de alguna manera en la historia han tratado de realizar una ayuda o enseñanza de liberación con la humanidad, han enseñado siempre de manera invariable aunque con distintas palabras.

«Cuál es entonces la relación entre lo desconocido y lo conocido? Cuál es la relación entre lo mensurable y lo inmensurable? Tiene que haber un vínculo, y eso es la inteligencia. La inteligencia nada tiene que ver con el pensamiento. Usted puede ser muy talentoso, puede argumentar muy bien, puede ser un gran erudito, puede haber experimentado, haber vivido una vida maravillosa recorriendo el mundo entero, investigando, buscando, mirando, acumulando gran cantidad de conocimientos; puede haber practicado el zen o la meditación hindú, pero nada de todo eso tiene que ver con la inteligencia. La inteligencia surge cuando mente, corazón y cuerpo están en verdadera armonía. Por lo tanto -sigan esto señores-, el cuerpo debe ser altamente sensible. No puede estar obeso, excederse con la comida, la bebida, el sexo y todo cuanto hace que el cuerpo se vuelva insensible, grosero, pesado. Tienen que comprender todo eso. La acción misma de verlo hace que uno coma menos, da al cuerpo su propia inteligencia. Hay una percepción alerta no forzada del cuerpo, este se vuelve muy muy sensible, como un bello instrumento. Y lo mismo sucede con el corazón, a saber, que este nunca es lastimado ni puede herir a otro. No herir y no ser herido es la inocencia del corazón. Una mente libre de miedo, una mente que no exige placer…, Lo que no significa que no puedan disfrutar de la belleza de la vida, de los árboles, de un rostro hermoso, de contemplar a los niños, el fluir de las aguas, las montañas y los verdes prados; en eso hay un gran deleite, pero ese deleite, cuando lo busca el pensamiento lo convierte en placer. La mente debe estar vacía para ver con claridad. De modo que la relación entre lo inmensurable, lo desconocido y lo conocido, es esta inteligencia […]. Esta inteligencia nada tiene que ver con la autoridad o la tradición. Tienen ustedes esa inteligencia? Es lo único que importa. Tal inteligencia actuará en este mundo con moralidad. Por lo tanto la moralidad es orden, que es virtud. No me refiero a la virtud o a la Moralidad social, que está totalmente inmoral. Entonces, esa inteligencia produce orden, que es virtud, algo vivo, no mecánico. No se puede practicar el ser bueno, no se puede practicar el tratar de ser humilde. Cuando actúa esa inteligencia, ella produce orden de forma natural, y la belleza del orden. Esto es una vida religiosa, […].

Krishnsmurti. La conciencia fragmentada.

Shin Jin Mei (Poema de la fe en el espíritu) – Kanchi Sôsan (¿ – 606)

La sublime profundidad. La simplicidad extrema de la Realización, de la Mente sin mente, el Satori perfecto, no es comunicable con palabras. Sólo puede señalarse el camino de vida, la conducta, que nos puede hacer experimentarla. Es la meditación que deja fluir los pensamientos sin reprimirlos y sin seguirlos en medio de todas las situaciones. Es la mente no mente del observador silencioso que actúa sin ser la personalidad la que actúa. Leamos profundamente, meditando silenciosamente, el principio del Shin Jin Mei (Poema de la fe en el espíritu).

1 Penetrar la Vía no es fácil ni difícil, basta con que no haya ni amor ni odio, ni elección ni rechazo.

2 Basta con que no haya ni amor ni odio para que la comprension aparezca, espontáneamente clara, como la luz del día en una caverna.

3 Si en el espíritu se crea una singularidad, por ínfima que sea, el cielo y la tierra quedan separados por una distancia ilimitada.

4 Si realizamos el satori aquí y ahora, las ideas de justo y falso no penetran más en nuestro espíritu.

5 La lucha entre lo justo y lo falso, en nuestra conciencia, conduce a la enfermedad del espíritu.

6 Si no penetramos en el origen de las cosas nuestro espíritu se agotará en vano.

7 La Vía es redonda, pacífica, amplia como el vasto cosmos, perfecta, sin la menor noción de permanecer o desaparecer.

8 Queremos atrapar o rechazar, en verdad, ésta es la razón por la que no somos libres.

9 No corráis detrás de los fenómenos. No permanezcáis en la vacuidad (ku).

10 Nuestro espíritu, cuando permanece tranquilo se desvanece espontáneamente.

11 Si detenemos todo movimiento nuestro espíritu se tranquilizará. Y esta tranquilidad, a continuación, provocará de nuevo el movimiento.

12 Si permanecemos en uno de los dos extremos, ¿cómo podremos comprender el otro?

13 Si no nos concentramos sobre el origen perderemos los méritos de los dos extremos.

14 Si abrazamos únicamente la existencia, perdemos la vacuidad. Si abrazamos únicamente la vacuidad, perdemos la existencia.

15 Aunque nuestras palabras sean justas, aunque nuestros pensamientos sean exactos, esto no es aún conforme a la verdad

Séneca y Nerón como símbolos del alma

Séneca y Nerón podrían verse como símbolos del alma.

Por una parte, Séneca es el símbolo del trabajo de purificación de la personalidad para que colabore al nacimiento del alma nueva. Es el alma espiritual que ha comenzado a nacer.

Séneca fué un gran estoico. El Estoicismo intenta alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales, cultiva los principios de la razón y de la virtud, considera la razón de los hombres como parte integrante del logos divino e inmortal y proclama que cada persona es un miembro de la familia universal.

Por otra parte, Nerón es el representante o símbolo de la extravagancia y el terror. Es el símbolo del alma biológica en su máxima expresión.

Se hizo adular como músico, deportista, poeta. Por medio de regalos quiso ganarse la aceptación del pueblo y dichos regalos destruyeron la economía del imperio.

Entre sus obras están el asesinato de Agripina, su madre, también el asesinato de su primera esposa, Octavia, el supuesto incendio de Roma. (La causa exacta nunca se determinó, pero se cree que fue el mismo Nerón quien comenzó el incendio para habilitar un terreno para su nuevo palacio), la tortura a los primeros cristianos y las orgías más inconfesables. Es decir, el ego en su máxima expresión al servicio de su propio engrandecimiento a costa de quien sea y de lo que sea.

Quien ha dominado su ego y lo pone al servicio del alma, además, no teme a la muerte que, finalmente, le infligió el que había sido su alumno cuando niño, Nerón.

¿Cree en Dios Krishnamurti?

Cuando se lee por primera vez a Krishnamurti, nos quedamos algo confusos respecto a la cuestión de si el autor cree o no en Dios. Para intentar aclarar esto un poco diremos primeramente que lo que aparece a la mente cuando en ella se representa el significado de una palabra es un sonido, una imagen asociada en la memoria a algún tipo de información. No aparece el ser la cosa a que se refiere esa palabra. La mente capta ese significado el cual está ligado o condicionado por todo aquello que a lo largo del tiempo hemos experimentado y unido a esa palabra. Pero la mente permanece ajena al ser a que se refiere la palabra. El ser no está ahí. En la cabeza sólo hay un sonido y una imagen a lo sumo.

Dice Krishnamurti: «¿qué es la realidad, qué es Dios? Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente debe estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente debe estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios. ¿Qué sabéis acerca de Dios o de la verdad? Vosotros, de hecho, nada sabéis acerca de esa realidad. Todo lo que conocéis son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias propias más bien vagas. Eso, por cierto, no es Dios, no es la realidad; «

Es decir, la palabra «Dios» no es Dios, al igual que la palabra «casa» no es la casa. Tampoco la idea de dios es Dios, como la idea de «casa» no es la casa. La idea de Dios es sólo una forma mental, nunca la realidad Infinita, el Ser originario de todas las cosas, el Ser omnipresente, omniabarcante.

«Para conocer aquello que está más allá del tiempo, – sigue diciendo Krishnamurti- el proceso del tiempo debe ser comprendido; y el tiempo es pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Eso es todo el trasfondo de la mente; la mente misma es el trasfondo, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual. La mente, pues, debe estar libre de lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar en completo silencio, no forzada al silencio. La mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa.”

Esto supone que sin pensamiento, sin memoria, no puede haber un antes ni un después. Sencillamente porque no podemos reconocer aquello que llega a los sentidos, no podemos compararlo con algo experimentado antes. Por tanto no hay antes ni después, ni siquiera hay reconocimiento: Veo, pero sin memoria no sé lo que veo. El tiempo es enmarcar en algo anterior, ya conocido, comparar con otras cosas que recuerdo haber visto antes.

Sigue diciéndonos Krishnamurti: “Puede que durante un lapso consigáis forzar la mente a estar superficialmente en silencio, pero una mente así no es una mente serena. La serenidad sólo ocurre cuando comprendéis el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender el proceso es darle fin, y al cesar el proceso del pensamiento empieza el silencio. Sólo cuando la mente está en completo silencio, no únicamente en el nivel superior sino fundamentalmente, en su totalidad, tanto en el nivel superficial como en los más profundos de la conciencia, tan sólo entonces puede advenir lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente haya de experimentar; el silencio solamente puede ser experimentado, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Por lo tanto Dios, o la verdad, o lo que os plazca, es algo que adviene de instante en instante; y ello ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando la mente está disciplinada de acuerdo con una norma. Dios no es cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo; sólo adviene cuando hay virtud, es decir, libertad. La virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, y el enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún movimiento de ella misma, sin la proyección del pensamiento, consciente o inconsciente, sólo entonces adviene lo eterno.»


Krishnamurti; La Libertad Primera y Última, Preguntas y Respuestas, 16, La Creencia en Dios.

Meditación

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La mente es el fruto del deseo. El deseo, que es lo fundamental en la naturaleza humana, nace en nosotros causado por un objeto o una meta apetecible. Este objeto mueve el pensamiento y el pensamiento mueve la voluntad. Con todo ello nuestra energía se fragmenta, es decir, se retira de la percepción de la realidad como fluir pleno de la vida y se concentra en el esfuerzo del yo en pos del deseo: el éxito en una empresa, la felicidad bajo capa de liberación, el reconocimiento social o bien la unión con una imagen de dios como idea preconcebida, no con el Dios vivo.

Lo Otro, que trasciende nuestros limitados deseos y pensamientos, no se deja atrapar por redes conceptuales ni por intentos de satisfacciones sentimentales del ego.

Introducimos en estas prácticas el tiempo, el esfuerzo condicionado y el olvido de nuesro Centro real. Introducimos el perseguir algo llevados por la memoria y el condicionamiento cultural y social.

La red que forma el núcleo del «más acá» del ser, del «más acá» de lo Innombrable, sigue condicionándonos como resultado cultural del tiempo y nublando la percepción de Aquello que aparece sin esfuerzo cuando el yo se retira.

Por milenios hemos pretendido liberarnos del yo, del sufrimiento, usando el yo. Es como ponerse de pie sobre una tabla, agarrarla por los dos extremeños y pretender levantarse a sí mismo. Intentar superar el yo desde el yo sólo consigue reforzarlo aumentando la confusión, el desorden, el sufrimiento nuestro y de los demás.

Escuchemos a Krishnamurti. Escuchemos sin interponer imagenes previas, sin barreras.

«Una mente en conflicto, un cerebro que se esfuerza, no puede meditar. Podemos sentarnos por 20 minutos todos los días, pero si el cerebro está en conflicto, si hay pena, ansiedad, dolor, aislamiento interno, ¿qué valor tiene nuestra meditación? Vamos a investigar qué es la meditación, no cómo hay que meditar. Ustedes han pedido que se les diga cómo tienen que meditar, lo cual implica darles un sistema, un método, una práctica.»

«[…] ¿Qué es la meditación? ¿Qué significa esa palabra?»

«[…] Meditación también quiere decir “medida”, “medir”. Nosotros estamos siempre midiendo, o sea, comparando yo soy esto, seré aquello, seré mejor- lo cual es una forma de medida. La palabra ‘mejor’ implica medida. Compararse uno mismo con otro es medir. Cuando uno le dice a su hijo o a alguien que tiene que ser como su hermano mayor, eso es medida.»

«[…] Ahora bien; vivir sin la medida, estar total, completamente libre de toda medida, forma parte de la meditación. No que “estoy practicando esto, y lograré algo de aquí a un año”. Eso implica medida, que es la naturaleza misma de nuestra actividad egotista.»

«[…] Con la meditación cesa la medida, termina completamente la comparación. Vean lo que ello implica que no hay huellas psicológicas. ‘Mañana’ es la medida de lo que está en el tiempo. ¿Comprenden esto? Por lo tanto, la medida, la comparación y la acción de la voluntad deben cesar completamente.»

«[…] ¿Qué es la voluntad? Yo meditaré, me sentaré muy quieto, me controlaré a mí mismo, limitaré mis pensamientos y practicaré todo eso es la acción del deseo, que es la esencia de la voluntad. En la meditación no existe actividad alguna de la voluntad. ¿Comprenden la belleza de todo esto? Cuando no hay medida, ni comparación, ni deseo de realizarse o de llegar a ser, existe el silencio de la negación del ‘yo’. En la meditación está ausente el ‘yo’. Por lo tanto, una mente, un cerebro que está entregado a la meditación, es total. La totalidad de la vida es meditación no un periodo de meditación cuando uno está meditando. La meditación es el movimiento total del vivir. Pero nosotros hemos separado la meditación como algo aparte de nuestra vida; es una forma de relajación, como tomar una droga.»

«[…] mientras que en la meditación, cuando no existe el medir, cuando no hay acción de la voluntad y de la mente, el cerebro está por completo libre de todos los sistemas. Entonces hay un gran sentido de libertad. En esa libertad hay orden absoluto, y eso es lo que debemos tener en la vida. Entonces, en ese estado de la mente, hay silencio, no el anhelo, el deseo de tener una mente quieta. En ese estado, la mente está libre de medida. Y es en esa libertad que hay orden absoluto, silencio.»

Krishnamurti,  La mente que no mide.

Evolución biológica o evolución consciente

consciencia cosmica

A raiz de la siguiente noticia,

http://m.eldiario.es/theguardian/ministro-educacion-india-teoria-evolucion_0_732477071.html#click=https://t.co/s6pGNEQFpz

quisiera compartir con vosotros algunas reflexiones:

Con base en la Sabiduría Universal, confrontando Escuelas como el Cuarto Camino de Gurdjief y Ouspensky, la Teosofia de Blavatsky o el conocimiento hermético, el sufismo, el zen, el taoismo, etc. debemos fijar nuestra atención  en esta frase del artículo:

«Hay pruebas abundantes e innegables del hecho de que los humanos y otros grandes simios y monos tuvieron un ancestro común».

Es decir, de un troco común, un primate evolucionado, surgieron dos ramas, una que fracasó y dio origen a los monos o primates, rama que degeneró y permanece tal y como la podemos observar hoy día.

Otra rama, la de las diversas razas humanas de la actualidad, tuvo éxito y  no paró de desarrollar una conciencia de su entorno y se sí misma, una conciencia muy limitada; no hablamos de la auto-consciencia o consciencia cósmica total.  Esta es la consciencia, desde el punto de vista de la Liberación, iluminación, Nirvana, etc. La Consciencia Objetiva (consciencia cósmica de sí mismos y del Universo) que es la que debemos cultivar con esfuerzo.

De esta manera concluimos que,  de todos modos, habría que esperar cientos de miles de años quizás si queremos alcanzar mediante la evolución biologico-social la autoconciencia total o liberación consciente.

Por tanto, la iluminación o felicidad consciente última y el no tener que reencarnar más para adquirir experiencias – consciencia, hay que lograrla mediante un conocimiento dado en una Escuela proveniente de seres conscientes y, al practicar ese conocimiento mediante esfuerzo consciente en la vida, llegar a la iluminación o sabiduria-amor conciente y consciente.

 

 

El Zen

Ensayos sobre Budismo Zen. Daizet Teatro Suzuqui. INTRODUCCIÓN.

El Zen, en su esencia, es el arte de ver dentro de la naturaleza del propio ser, y señala el camino de la esclavitud hacia la libertad. Al hacernos beber directamente en la fuente de la vida, nos libera de todos los yugos que los seres finitos sufrimos comúnmente en este mundo.

Podemos decir que el Zen libera todas las energías apropiada y naturalmente almacenadas en cada uno de nosotros, que, en circunstancias ordinarias, se hallan trabadas y distorsionadas de modo que no encuentran un cauce adecuado para entrar en actividad.

Nuestro cuerpo se parece a una batería eléctrica en la que yace, en forma latente, un poder misterioso. Cuando este poder no se pone convenientemente en funcionamiento, se enmohece y marchita, o se desvía y expresa anormalmente. Por tanto, el objeto del Zen es salvarnos de enloquecer o quedar disminuidos. Esto es lo que quiero decir con libertad, dando libre juego a todos los impulsos creadores y benévolos que inherentemente yacen en nuestros corazones.

Generalmente somos ciegos ante este hecho, vale decir, de que estamos en posesión de todas las facultades necesarias que nos harán felices y amables en sentido recíproco. Todas las pugnas que observamos a nuestro alrededor derivan de esta ignorancia. Por ende, el Zen quiere que abramos un «tercer ojo», como lo llaman los budistas, hacia la región hasta ahora inimaginada, que se nos cierra a través de nuestra propia ignorancia.

Cuando desaparece la nube de la ignorancia, se manifiesta la infinitud de los cielos, donde por primera vez intuimos la naturaleza de nuestro propio ser. Entonces conocemos el significado de la vida, sabemos que no se trata de ciega lucha ni de mero despliegue de fuerzas brutales, y mientras no sepamos, en definitiva, cuál es el significado último de la vida, habrá en ella algo que nos hará sentir infinitamente bendecidos por vivir en ella, contentándonos con ella en toda su evolución, sin plantear cuestiones ni albergar dudas pesimistas.

Mientras estemos llenos de vitalidad sin despertar al conocimiento de la vida, no podremos comprender la seriedad de todos los conflictos implícitos en ella, que por el momento, en apariencia, se hallan en un estado de quietud. Pero tarde o temprano llegará el tiempo en que tengamos que mirar la vida frente a frente y resolver sus enigmas más desconcertantes y acuciantes.

Dice Confucio: «A los quince años mi mente estaba orientada hacia el estudio, y a los treinta supe dónde estar.» Este es uno de los más sapientes juicios del sabio chino. Todos los psicólogos estarán de acuerdo con esta afirmación suya; pues, hablando en general, los quince años constituyen aproximadamente la edad en la que el adolescente empieza a mirar en derredor con gravedad y a indagar el significado de la vida. Para entonces todos los poderes espirituales seguramente ocultos en la parte subconsciente de la mente eclosionan casi simultáneamente. Y cuando esta eclosión es demasiado precipitada y violenta, la mente puede perder su equilibrio en forma más o menos permanente; de hecho, son demasiados los casos de postración nerviosa registrados durante la adolescencia, que principalmente se deben a esta pérdida del equilibrio mental. En la mayoría de los casos el efecto no es muy grave y la crisis puede pasar sin dejar hondas huellas. Pero en algunos temperamentos, ya sea a través de tendencias inherentes o por obra de la influencia ambiental sobre su dúctil constitución, el despertar espiritual los conmueve hasta las profundidades mismas de su personalidad. Este es el tiempo en que se reclamará elegir entre el «No Eterno» y el «Sí Eterno». Esta elección es la que Confucio significa con «estudio»; no se trata de estudiar los clásicos, sino de sumirse hondamente en los misterios de la vida.

Normalmente, el inicio de la lucha es el «Sí Eterno», o «Hágase tu voluntad’; pues la vida es, después de todo, una forma de afirmación, por más negativamente que la conciban los pesimistas. Pero no podemos negar el hecho de que en este mundo hay muchas cosas que volcarán nuestras mentes demasiado sensitivas en otra dirección [ … ].

ENSAYOS SOBRE BUDISMO ZEN.
DAISETZ TEITARO SUZUKI
Doctor en Literatura
Ex Profesor de Filosofía Budista en la Universidad
Otani. Kyoto.

 

Existencialismo y Gnosis

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Sartre, el padre del existencialismo, parte de un supuesto ateo y, en consecuencia, afirma que, si no Hay Dios, nadie nos ha creado y que, en ese caso, no tenemos una esencia concreta. Por tanto, el hombre sería existencia que se hace a sí misma sin nada que lo determine en ninguna dirección.

En filosofía la esencia es lo que define nuestra naturaleza, lo que somos, lo que se desarrollará y nos hará convertirnos en algo concreto. La esencia es lo que Dios, al idearnos, nos habría dado como naturaleza.

Habría que comenzar diciendo que, si nadie nos ha creado, somos eternos, lo cual necesitaría amplios volúmenes de explicación para terminar no explicando nada. Ya decían los presocráticos que, de la nada nada sale. Ha de existir, por tanto, un principio eterno anterior a todo -llámese como se quiera llamarle-, de donde ha salido todo lo demás que vemos que no tiene existencia eterna sino que nace, crece y luego termina o muere.

Evidentemente, por otra parte, tenemos esencia y naturaleza, lo que ocurre es que en el caso del ser humano es algo flexible ya que tenemos un periodo de crecimiento y maduración muy amplio, no como los animales, y una inteligencia para adaptarnos a la supervivencia que nos hace ser diferentes unos de otros: Un gato hace casi calcado lo que hace otro, por ejemplo. Una planta será lo que viene definido en su semilla, etc.

El hombre -aunque su inteligencia está en germen y poco desarrollado su cuerpo mental-, tiene margen para crear cultura y ser un animal burdo o educado, trabajador o vago, virtuoso o vicioso, culto o inculto, etc. Pero es una inteligencia biológica y al servicio de su biología, la cual es una biología, como todas, de supervivencia como tal hombre limitado y sufriente, con un poco de lo que se quiere llamar espiritual o del alma y que no es más que un débil resplandor de lo que debería ser el hombre original.

Por otra parte, toda filosofía académica está dentro del cultivo de ese yo intelectual. Te puede llevar, en el mejor de los casos, a dar vueltas en el límite de un saber sobre lo que es el hombre imperfecto, ahora, después de milenios de falsa cultura y falso espíritu en general.

No nos damos cuenta que, con la cultura, con la ciencia, con el academicismo, con el intelectualismo que da vueltas egoicas sobre si mismo, podemos fortalecer enormemente el yo; seguir siendo el mismo que éramos: un yo sin liberar que a las primeras frustaciones de la vida se revuelve rabioso o se hunde en la depresión. La auténtica sabiduría o gnosis es un saber sobre la liberación: Qué es el hombre, de dónde venimos y hacia dónde vamos y, además, no es conocerlo sólo, sino que es un proceso de realización y unificación de todo el ser tripartito (espíritu, alma y cuerpo). No vale estar sólo filosofando o suspirando  misticamente.